jueves, agosto 30, 2007

Homenaje con sabor a atolito

Una mentada, atole con el dedo, eso y nada más resultó el supuesto homenaje al muralista de Calimaya Miguel López. (Acótese aquí una malévola carcajada calimayense). Disculpe usted estimado lector, pero es que hay "ofensas" y "mentadas", y el homenaje mencionado se ubica en la segunda clasificación.
La verdadera intención de estas letras es hacer patente la actual tirria que les profeso a los homenajes -principalmente cuando vienen de ayuntamientos calimayenses-. Y es que usted no está para saberlo ni yo para contarlo pero figúrese que asistí el lunes pasado al homenaje de don Miguel López, muralista de Calimaya.
Don Miguel es pintor por herencia. Desde 1920 su abuelo, tío y papá comenzaron la tradición de pintar la escalinata de la iglesia del Señor del Calvario en Calimaya. Usted se preguntará "¿cómo que una escalinata?", pues sí. Don Miguel elige una litografía con motivos bíblicos y saca "sobre medida" la imagen. Es decir, la litografía partida en centímetros se convierte después en metros de pintura en el borde de los escalones, que desde lejos dan una vista panorámica impresionante.
El muralista cambia la imagen cada año para las fiestas patronales y desde hace 24 que renueva la pintura convirtiéndola en arte. Pero aquí viene lo interesante del asunto, don Miguel es albañil. Sí, leyó usted bien. El muralista es un hombre tan sencillo como grandioso, ya que sus murales han logrado convertirse en tradición y volverse símbolo de Calimaya. Pero eso no le importa a nadie, no, no, no.
Yo de verdad no entiendo porqué el Centro Cultural Regional de Toluca junto al ayuntamiento de Calimaya programan un "homenaje" a las 5:00 de la tarde y a las 5:30 siguen colgando telas y poniendo templetes.
Tal vez no me suba el agua al tinaco, pero de verdad no entiendo porqué el presidente municipal de Calimaya Oscar Hernández Meza, llegó hasta las 6:40 de la tarde para iniciar la ceremonia y todavía con tamaña y cínica sonrisota. ¿Se le atravesó una manada de cebras salvajes? ¿Lo raptó la Tigresa para casarse con él? O ¿es que acaso se le hizo tarde porque no le salía el doble nudo del macramé? Así lo hubiera mandado llamar Bush para que lo sucediera, el retraso de una hora y 40 minutos resultó una total falta de respeto y un abuso a la sencillez y humildad de un hombre y de su familia.
Otra cuestión que no me cabe en la cabeza es ¿por qué el homenajeado no se fue? (Para las pulgas de esta que escribe -sí, tengo pulgas, y muchas-).
Sobra decir que la gente se desesperó y lo que hubiera podido ser un gran reconocimiento para el muralista, se convirtió en una eterna espera a la que sólo resistieron los familiares del homenajeado y esta pulgosa, más por fraternidad al recién conocido don Miguel que por respeto a un homenaje que se convirtió en un despliegue de prepotencia.
Y es que la sonrisa de Oscar Hernández resultaba inverosímil. Llegó muy orondo sin saludar siquiera al homenajeado, sin disculparse con la audiencia y sobre todo sin palabras que valieran la pena escuchar.
El personal del Centro Cultural Regional se paseaba de un lado a otro sin saber qué hacer. Pero señores, la respuesta era simple: si don Miguel y su familia estaban esperando, un vasito de agua a nadie se le niega. Después en el presidium, en la orilla por cierto, el muralista lucía desencajado, nadie lo saludó, nadie cruzaba palabra con él.
Luego los discursos: ninguno de los miembros del presidium parecía conocer la obra del artista, ninguno, más que el presidente (pero es que ya sería mucho si no). La coordinadora de casas de cultura Gabriela Sánchez Villegas, pronunció dos o tres ideas (sin mucha idea por cierto), pero con abundantes muletillas "Asimismo esto", "Asimismo lo otro".
Pero la cereza del pie fue el reconocimiento entregado. Hoja blanca: 20 centavos. Impresión en cybercafé: 2 pesos. Folder amarillo: 3 pesos. Tener un homenaje al aventón: no tiene precio. Señor presidente municipal: una placa sencillita no es cara, de veras. Las arcas de Calimaya no serán desfalcadas por 200 o 300 pesitos que se gaste.
Yo me pregunto ¿le hubieran hecho lo mismo ya no digamos a un pintor reconocido sino a un político como Enrique Peña Nieto? ¿Por qué andaba tan contento señor presidente? ¿Por qué sabe "diferenciar" entre un político y un artista humilde? Le llaman diferencia de clases ¿verdad? Pero lamento informarle que ese concepto retrógrada no tiene nada que ver con el respeto.
El patrimonio cultural que está aportando a Calimaya don Miguel es grandísimo, y no puede dedicarse a la pintura porque tiene de darle de comer a su familia. Por eso sigue siendo albañil. Don Miguel nunca estudió pintura, las circunstancias no lo dejaron, las becas nunca aparecieron y el apoyo del ayuntamiento o del gobierno nunca ha existido. ¿Cuántos "Migueles" habrá en nuestro estado que sin apoyo real y subestimados conminan su talento al anonimato, y con ello el progreso y crecimiento de la entidad al letargo?
Porque déjeme decirle don Oscar Hernández que una presea municipal no necesariamente significa impulso, un reconocimiento de 5 pesos con 20 centavos no es proyección para un municipio y un homenaje como el realizado, irremediablemente nos supo a "atole con el dedo".
Querido lector: un "reconocimiento" de $5.20 en lugar de un verdadero impulso (buena inversión ¿no?). Ni modo, así las cosas en Calimaya.

2 comentarios:

Gur, el Místico dijo...

Y así las cosas donde quiera que el águila debore a la serpiente.


Yo casi no lloro, y ese día casi lo logré.

Anónimo dijo...

Que presidente tan pinche

Neta