lunes, septiembre 17, 2007

Dedos mágicos

De la columna “Hija de la Mala” del periódico Portal

No cabe duda, de que los hay los hay. Esta inocente mujercita le hizo la parada a un taxi porque —para variar— se le había hecho tarde.
“Buenas tardes”. “Buenas, muy buenas”, respondió el taxista. Armada con un espejo de mano y rímel, la reportera inició el habitual trabajo de hojalatería y tlapalería de jeta, pero ya trepada en el taxi.
“Para qué se pinta, no le hace falta. ¿Fray San Buenaventura Merlín? Ahorita la llevo”, dijo el calvo conductor. “Sí, gracias”, respondió la reportera, “no tiene porque darlas”, dijo el taxista sonriendo en el retrovisor. “¡Ah chinga!”, pensó la reportera “no sé porqué, pero tengo la leve sospecha de que este güey me estaba albureando”.
“¿Ya vio lo que dice en esa casa? ‘Se rentan cuartos para señoritas’. En este tiempo las señoritas son como negritos en el arroz ¿no cree? A ver cuénteme”. Y un foco rojo se encendió en la choya de ésta que escribe.
“¿Fue lo que usted esperaba? ¿Fue brusco? ¿Le gustó?”. ¡¿Cuac?! esta imberbe no podía creer lo que estaba escuchando, no llevaba ni 10 minutos de conocer al fulano y éste ya estaba tratando de iniciar una conversación non santa. Y no es que esta que escribe se precie de ser decente, ni —bendito sea Alá, Buda y Diosito Bimbo— es miembro activa del club de la vela perpetua, pero esto...
Los albures constituían parte elemental de la plática del individuo, que como buen ejemplar masculino consideró que su calva, su panza desparramada y sobre todo su finísimo sentido del humor, constituían un atractivo arrollador para esta que sin saber bien a bien lo que estaba pasando se comenzó a reír de la situación.
“¿De qué se ríe? Está usted bien bonita. Mire nada más que carita de ángel. Pues ya ve que yo no estoy tan mal... Y usted no está de mal ver, y de mejor tocar...”. ¿QUÉ QUÉ? “No es por nada pero a mí me dicen el “Dedos mágicos”, completó.
Surrealismo en todo su esplendor.
“Too much, demasiada información, gracias”, respondió la reportera. “Métase por esa calle, sí aquí es. Aquí me quedo”, dijo sacando atolondradamente los 20 varos que la separaban de la libertad.
“Sí como no, yo la llevo a donde quiera. Si me dice a Milán, a Milán, o a Paris. A dónde quiera. ¿Vive ahí donde la recogí?”, dijo soltando una carcajada. “Brincos dieras güey”, dijo la reportera para sí entregando el dinero. Afortunadamente la jefa de redacción de éste periódico acudió pronta al llamado del timbre. Y el don Juan de pacotilla se esfumó.
La reportera, estaba verdaderamente atónita y aún subiendo las escaleras seguía riéndose de lo ocurrido. “¿No tendrá espejos en su casa?”, se cuestionaba “o ¿quién le dijo que albureando a una mujer podría conseguir favores sexuales?, ¿habrá tomado algún curso?, ¿eso le funcionará con alguien?”.
Ahora que el hámster que habita en mi cabeza se ha repuesto de la impresión y ha vuelto a correr, puedo aseverar que me habían dicho cosas desagradables y ridículas, pero los comentarios de don Paco... don Pacotilla, superaron por mucho todo lo antes acontecido.
Dos que tres veces me habían dicho “güerita”, “preciosa”, me habían querido invitar “un refresco”, le habían gritado “¡socio!” a aquel individuo que me toma de la mano por la calle, y hasta una vez —también otro taxista— me había propuesto que lo “acompañara” a Observatorio, con no se qué pretexto.
Pero nunca, óigase bien, nadie me había pedido que le relatara la primera vez, ni me habían albureado con tal desfachatez y mucho menos se habían preciado de tener “dedos mágicos”, todo en menos de 10 minutos.
Y por eso, señor taxista de hace dos días, de verdad, no es mala onda, pero permítame decirle que se ha inscrito usted en mi pasado como el peor conquistador con el que me haya topado. Neta.

1 comentarios:

Maricharms dijo...

No manches!!! qué onda con el tipo???? no estaría borracho??? o de verdad era tan idiota como para tratar de agradarte con esas cosas??? no ma, yo me hubiera bajado del taxi en movimiento, soy bastante paranoica... wow, eso sí es estar en el hoyo... que se ubique!!!! jajajaja