domingo, junio 21, 2009

La ciudad de no pasa nada






Así es, nadie me pidió mi opinión. Pero no hace falta ni siquiera asistir a una marcha y atestiguar el levantamiento de un centenar de preparatorianos, para entender el dolor y el terror que padece toda una comunidad estudiantil al ver cómo dos chicos del turno matutino fueron torturados, violados y asesinados a sangre fría, para luego ser abandonados en el cerro del Calvario, parque que por cierto, es un hervidero de policías que han tomado como deporte la extorsión a estudiantes.


Todos quienes viven en Toluca, saben que al cerro-parque del Calvario le dicen el “Caldeario” precisamente porque la soledad de sus parajes permite a los adolescentes sostener escarceos amorosos. Nadie sabe a ciencia cierta si los primos Brenda Iztel Castrejón Ruiz y Marcos Julio de Jesús Castrejón Gil acudieron a ese lugar con estas intenciones, pero aquello resulta ser lo menos importante cuando al día siguiente, las personas que hacían ejercicio en el lugar, reportaron la presencia de dos adolescentes que se hallaban medio desnudos, tendidos sobre el pasto, con golpes que les destrozaron el rostro y les inflamaron el cuerpo.

Seguí el caso, como lo demandaba mi conciencia periodística, y más importante, la de la simple mortal que se indigna ante la muerte de Brenda y Marcos, quienes no solamente fueron privados de la vida, sino que vivieron horas tortura antes de morir. Y también ante el asesinato de otro alumno, Vasili Alejandrovich, o el “Ruso” como le decían sus amigos, quien a sus 17 años fue encontrado con un tiro de gracia en una milpa de Zincantepec semanas antes. Tres alumnos muertos en menos de un mes, aunque al parecer, sean dos casos aislados.


Tal vez a nadie le interese lo que una reportera con apenas un par de años de experiencia tenga que decir; pero se necesita de plano no sentir para no conmoverse al mirar cómo los amigos de estos chicos caminaron por Toluca vestidos de blanco y en silencio. Se necesita ser de piedra para permanecer indolente al escuchar cómo las voces se les quebraban ante un megáfono en el que pedían justicia para sus amigos muertos y seguridad para ellos, mientras la Plaza de los Mártires era la receptora de las lágrimas que los jóvenes derramaban por sus amigos asesinados.

Al menos a mí esto me fue suficiente para unirme al primer minuto de silencio que pidieron cuando apostaron un ofrenda floral en el monumento de Rectoría, al segundo cuando se sentaron a media calle de Lerdo deteniendo el tráfico y sosteniendo pancartas que decían “Justicia”, “Exigimos seguridad, si no pueden renuncien” y “No estamos todos, faltan los muertos”; y finalmente, al tercero cuando ya en la plaza, a la prensa nos fue entregada una copia de la carta que le dirigían a la Comisión de Derechos Humanos del Estado de México porque, por supuesto, no perderían el tiempo enviándola a la Procuraduría de Justicia Mexiquense, a las autoridades municipales y muchos menos a gobernación.

Brenda y Marcos pasaron de ser dos estudiantes comunes de la Prepa 1 “Adolfo López Mateos”, a dos pedazos de carne que encabezaron los titulares de los periódicos locales. Brenda y Marcos, un lunes cualquiera habían ido a presentar examen y terminaron con la historia de su muerte expuesta en los periódicos amarillistas. Ni sus padres ni sus amigos esperaban que ambos jóvenes dieran la nota roja de un funesto martes.

Tal vez a nadie le interese lo que yo tenga que decir, y tal vez ninguno de los medios en los que trabajo me dejaría publicar lo que aquí redacto, por motivos que tienen que ver con el folclor informativo; pero la manifestación de estos estudiantes fue un levantamiento que del que no se tenía precedentes en el Estado de México. Fue por esa misma razón que las autoridades de la Prepa 1 se opusieron a la marcha y arrancaron los carteles que convocaban a ésta, al igual que lo hicieron los policías, según versiones de los propios chicos. Los uniformados les pidieron a los jóvenes que ya no se hablara del asunto y les dijeron que no tenían derecho a manifestarse.

Pero cuando el rector de la UAEM dio su respaldo a los chicos, entonces los maestros quisieron hacer suya la marcha y terminaron por dividir los contingentes, pues el original se fue a la Plaza de los Mártires, mientras que el de los maestros, con unos cuantos alumnos, recorrió la ciudad hasta la Procuraduría.

Los medios de comunicación se volvían locos intentando conseguir información, localizando a los padres de las víctimas, buscando a los alumnos y la respuesta de las autoridades. Y lo peculiar es que, aún cuando todo el mundo seguía el caso, otra vez, un domingo cualquiera anunciaron que habían atrapado al asesino. La Procuraduría Mexiquense tan sólo se lo presentó al Sol de Toluca, y no convocó a ningún otro medio. Tal vez porque no querían enfrentar a los periodistas y su acribille de preguntas.

Y es que nadie se explica cómo es que Rufino Carreola Vara de 41 años de edad, quien declaró haberse bebido una botella de tequila y dos cagüamas antes del hecho, pudo haber aniquilado a los chicos con tanta facilidad y con el único objetivo de comprar más bebida, como él mismo lo declaró en una grabación proporcionada por la Procuraduría a los medios de comunicación. Nadie entiende tampoco, si es que sólo quería asaltarlos,porqué los torturó con tanta saña o cómo fue que los dominó a ambos cuando el padre de Marcos Julio, declaró que el chico hacía pesas y que no era ningún indefenso ni lánguido adolescente.

Tal vez yo alucine, pero he de confesar que yo tampoco entiendo porqué de todos los reportes comenzó a desaparecer la versión de que ambos chicos habían sido violados y sólo se maneja como “tentativa de violación”. ¿Cómo?, si las fotografías revelan la ropa interior hasta los tobillos, así como los cuerpos desnudos. Tampoco se sabe porqué los chicos fueron enterrados con tanta rapidez o por qué se reportó que habían sido picados con un compás cuando las fotografías mostraban cortadas por todo el cuerpo.

Tampoco se sabe cómo fue que la policía dio tan pronto con el presunto asesino cuando la pista fue un teléfono celular que supuestamente él exconvicto (encarcelado en cuatro ocasiones) dejó en el lugar de los hechos porque "no se quiso regresar a buscarlo", según dijo ante las cámaras judiciales.

Tampoco nos explicamos cómo es que nadie acudió a los gritos de los chicos, cuando sus compañeros han declarado que más tardan en abrir una cerveza que los policías en estar sobre ellos para extorsionarlos y quitarles sus celulares, chamarras y el poco o mucho dinero que lleven. Tampoco suena lógico lo que dicen los vecinos, quienes han declarado que a esa hora ni un solo grito se escuchó, ni un solo murmullo o quejido.

Sin embargo, con todo y las incongruencias, tanto el rector como las autoridades escolares de la Prepa 1 han declarado estar satisfechos con las investigaciones, e incluso agradecen a la Procuraduría la “pronta y efectiva respuesta” para efectuar las investigaciones. Pero quienes no están conformes, quienes no creen la versión del “asesino solitario” son las familias, amigos y compañeros de los jóvenes, quienes creen que Rufino, el supuesto asesino, es tan sólo un chivo expiatorio que surgió para acallar las voces juveniles, las que por cierto, planean una nueva marcha y las que mencionaron que el hombre “es un pendejo cualquiera, un teporocho al que agarraron para calmar el desmadre”.

Tal vez las autoridades escolares y judiciales crean que la población entera ha sido sometida a una lobotomía, o que los estudiantes tienen media neurona, o que la prensa toma drogas duras que les han disminuido la capacidad de raciocinio, pues esta historia parece menos verídica que la del Chupacabras. Sin embargo, con todo y eso, las autoridades escolares, las “más preocupadas por el caso”, según refirieron en sus declaraciones, han avalado esta versión.

Pero como yo soy prensa y tomo drogas duras, como soy una ciudadana más corriente que común, no me haga caso, porque como siempre, no hay pruebas de nada y cualquier indicio forense fue desaparecido por la perspicacia de los cuerpos policiacos, que lo primero que hicieron al llegar a la escena del crimen, fue mover los cuerpos.

Es más, cierre este blog y no vuelva a abrirlo; dé un clic en el tache superior derecho de esta página web y olvide lo que aquí ha leído. ¿Qué putas importa si de cualquier modo el caso terminará traspapelándose en el sofisticado sistema de folders amarillos que hay en los Ministerios Públicos? ¿Qué más da si antier leímos la noticia y ayer ya nadie la recordaba? ¿Qué demonios importa si la carne fotografiada en la que se convirtieron esos chicos fue la nota roja y nada más?

¡Al demonio! Por eso, usted, apreciadísimo lector, váyase a misa de siete y a ver el partido las cinco. Luego, no falle en su rutina ebria de los viernes y entre semana no se pierda la telenovela de las nueve. Total, en esta ciudad, como en el estado, aunque degollaran a la joya más preciada de cada una de nuestras familias, al final, no pasaría nada.

¿No cree?

6 comentarios:

Alex dijo...

no manches, está super grueso. Es indignante y frustrante que cosas como esas ocurran y se queden en la impunidad los que las perpetran. Entiendo a la perfección tu enojo, y anuque no soy toluqueño ni vivo allá, me sentí ofendido y abusado, aun cuando a mi no me hicieron nada y me encuentro a a varios cientos de kilometros de distancia.
Que mal rollo que no hayas podido publicar esa nota en ninguno de los medios para los que trabajas. Ésto debería leerlo todo el mundo, o por lo menos los toluqueños, es inaceptable que las cosas se queden así. Pero pues cierto es tambien que suelen ocurrir este tipo de cosas en nuestro país, quiza, con más frecuencia de la que podemos llegar a acostumbrarnos. en especial cuando se acercan elecciones. espero que se te baje el coraje y la indignación pronto si no, te sugiero te desahogues más para que lo saques todo. Claro que no es nada facil, y manos porque a a eso te dedicas, igual esto pasas pero vendrán cosas que te lo recuerden.
Me despido y te mando un abrazo fuerte.

Gur, el Místico dijo...

Y de nuevo, la justicia en Toluca y en el Estado de México, es efectivamente ciega.
Yo sólo sé que sé, que supe de buena fuente, que fueron los municiales (que para esto son los peores policías de todos).

¡AdRIZzZ! dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
¡AdRIZzZ! dijo...

¡Maldita corrupción!
Sólo sé que fue un chivo expiatorio, ¿qué raro no? jajajaja

Anónimo dijo...

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Giovanni Durán Serrano dijo...

Vasili era mi amigo. Frecuentemente su recuerdo llega a mi como un doloroso mensaje. Un mensaje lleno de sed de justicia. Admiro en demasía la forma en que escribes. Debemos de hacer justicia por estos tres chicos. Hasta luego.