miércoles, septiembre 02, 2009

Pretensión


Dame la mano. Encuentra tus dedos contra mi dorso y apriétalo fuerte, como si no fueras a soltarme nunca. Hagamos de cuenta que la eternidad existe, que las convicciones no son de azúcar, que no se diluyen, que el tiempo no las humedece.

Voy a cerrar los ojos; se han dejado vencer por el cansancio, por fuerzas ajenas a mi cuerpo, por lluvias torrenciales que arrastran basura a las coladeras.

Quiero cerrarlos, y cuando los abra, espero amanecer en un sitio distinto, tal vez un poco menos gris, un poco menos desahuciado.

Un hilo dorado se tensa, se va gastando. Lo sabemos lánguido y me descubro mordiéndolo, te descubro jugando a que se enreda.

Voy a cerrar los ojos para cruzar la calle, para cortar verduras, para abordar un autobús, para bajar un puente peatonal.

Voy a entregarme al paisaje de los ciegos para maquillarme, para redactar noticias, para leer libros, para ponerle hebra a una aguja, para seguir un mapa.

Voy a comprar un boleto en la terminal de autobuses para viajar Aningunaparte y comprar souvernis.

Voy a juntar el índice y el pulgar para arrancarme los besos, uno a uno; guardarlos en una caja, etiquetarlos (“Úsense sólo en caso de emergencia”).

Dame la mano sólo para hacer de cuenta que no vas a soltármela, para pretender que el desahucio no nos alcanzará, que la desesperanza no existe, que la Muerte no se acerca; que no le has dicho “ven”.

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