
“Como todo, las palabras tienen sus qués, sus cómos, sus porqués. Algunas, solemnes, nos interpelan con aire pomposo, dándose importancia, como si estuvieran destinadas a grandes cosas, y ya se verá más tarde, no son nada más que una brisa leve que no conseguiría mover un aspa de molino, otras, de las más comunes, de las habituales, de las de todos los días, acabarán teniendo consecuencias que nadie se atreve a pronosticar, no habían nacido para eso y, sin embargo, sacudieron al mundo.”
Caín
de José Saramago.
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