martes, agosto 24, 2010

De Ningún Sitio


Habitante de ningún sitio. Vives en la frontera del país de la nada. Tus terruños colindan con el vacío y con villas que se encaraman en el monte de la desesperación. El único lugar pronunciable se dice “Segovia”; pero aún no tengo en orden mis documentos para visitarlo.

                Tú y yo somos perfectos. Pero apenas llega el alba, quedamos en ridículo. Te guardas en el envase que reza “este producto es reciclable”. Y yo me deshago de ti como quien elimina telarañas de una esquina.  Nuestros disgustos se solucionan a la noche siguiente o  mientras viajo en el transporte urbano.

                Habitante de Ningún Sitio, pronto viajaré a Segovia. Aunque vaya buscando quién sabe qué cosas. Iré sólo para entender que no es ahí donde vives, aunque lo sepa de antemano. Dame unos meses. Ahorraré para ello. Soportaré baguettes y seseos para encontrarte. Viajaré con el firme propósito de extraviar los recuerdos. Y si te encuentro, te dejaré confeccionarme unos nuevos. Y es que para entonces, estoy decidida a padecer amnesia.

                Mi viaje busca una cicatriz en la rodilla y un museo desconocido del que ya he escrito un reportaje. Es más, llevaré para ti el artículo publicado hace unos tres años, y la fotografía que aún conservo, sí, la que te tomé en aquella desnutrida conferencia de prensa.

                Habitante de Ningún Sitio, pondré un anuncio en los clasificados de El País, esperando encontrar la sonrisa que me convidaste aquel día, la misma que me ruborizó, la que no supe responder, la que perdí en un derroche de estupidez. Vuelve a esperarme mientras yo tomo los datos faltantes por haber llegado tarde. Así nuevamente nos quedaríamos solos en la sala de exposiciones. Mi única condición es que lleves aquella actitud desgarbada de manos en las bolsas y esa mirada insistente que no pude quitarme de encima mientras te tomaba fotografías destinadas a la página doce.

                Si volvemos a estar así, prometo no  irme otra vez cuando te acerques, ni bajar la cabeza y alejarme cuando vuelvas a ponerte a un lado mío frente a aquella vitrina de adefesios antiguos.

                Habitante de Ningún Sitio, con una mano sobre esta taza de café, juro solemnemente no mirar mis Converse, sino ese rostro de barba crecida que se fijaba en mí con insistencia. Y cuando las autoridades locales finalmente vuelvan a pasarte el micrófono, te prometo no clavar la vista en mi pequeña libreta. Cuando vuelva a recoger la grabadora de voz que estaba justo frente a ti, prometo no huir luego del choque eléctrico que surgió al roce de los dorsos de nuestras manos.
               
                No rehuiré a tu mirada. No esquivaré tu sonrisa. Entrevistarte será un pretexto. Encadenaré a la timidez y en esta nueva historia no existirá el “hubiera”. Y verás, Habitante de Ningún Sitio, cómo la historia se modifica. Verás como te mudas de tu actual ciudad, para ser habitante de nuevas latitudes.

0 comentarios: