Bengala de mi vida, te aproximas destellando chispas por los dedos.
En tus manos habitan luciérnagas. Andan por ahí, iluminándome el cuerpo.
Cada noche llegas para transformar tus brazos en cerco.
Soy yo quien va cerniendo tus recuerdos.
Violencia de tu sangre. Frescura de este cuerpo. Dolor en descascaro.
Surcas la piel lo mismo que la cicatriz del arcoíris en el cielo.
Ven, que voy a sellar las llagas de tu cuerpo.
Ven, que desvaneceré el gusano de aquella cirugía vieja.
Ven, que recolectaré la llovizna chispeante de tus besos.
Espigas de luz. Púas luminosas.
En tu rodilla derecha, la Cordillera de los Andes. Montañas mansas en la palma de mi mano.
En tu rostro, el recuerdo del béisbol. Línea añeja que un día se llenó de sufrimiento.
En el tobillo, tu piel me cuenta que estuvo abierta. Hoy, proscrita de dolor, se entrega con cadencia y desesperación.
En respuesta, yo... La hondonda acuosa, la que bien dices, llora.
Bengala de mi vida, surcas mi piel lo mismo que el haz de un relámpago.
Bengala de mi vida, tus dedos luciérnaga acarrean los colores.
Bengala de mi vida, flash del universo, resplandor inesperado…
Bengala de mi vida, me incendio de ti… Me incendio contigo.
1 comentarios:
Muy tú.
Luz en letras.
Manos completas.
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