miércoles, marzo 02, 2011

El destello



Discurso leído durante el homenaje a Luis Palacios por su 30 aniversario como catedrático en el ITESM Campus Toluca
Sol Rubí Santillana

La primera clase con el profesor Luis Palacios fue una completa confusión. Sí, sus discursos eran complicados, sus análisis eran a profundidad, y solían destrozar dogmas y preceptos. No había forma de escapar de su pensamiento que discernía lo que nos resultaba francamente incomprensible. Los ensayos que nos dejaba se convertían en verdaderos retos intelectuales; y claro, cuando una intentaba copiar el esquema que él había diseñado en la pizarra, se encontraba frente a un espagueti “a la Palacios” condimentado con desconciertos estudiantiles.

Hoy, casi cinco años después de haberme graduado de la carrera de Ciencias de la Comunicación, hoy, que mi trabajo es en los medios informativos y que he conocido músicos, intelectuales, poetas, actores, directores, escritores, productores, políticos y otras subespecies, volteo al 2006, el año en que me gradué, volteo a mi escuela, recuerdo a Luis Palacios y descubro que lo sigo admirando con la misma vehemencia de siempre.

Hoy, que lo miro a la distancia, encuentro que no sólo extraño sus clases y sus espaguetis, sino sus consejos y apoyo, su mente lúcida y su guía. En mi caso, y me atrevo a hablar por mis compañeros de generación, sin él, mi paso por esta institución no habría sido el mismo.

Creo que los alumnos casi siempre salimos debiendo… estudiamos, pasamos los exámenes, nos graduamos y casi nunca nos detenemos a decirle a los profesores cuánto influyeron en nuestras vidas y cómo fue que una simple palabra suya nos ayudó a encarar nuestros demonios y a atrevernos a ser quienes hoy somos. El “yo creo en ti” de Luis Palacios, encendió la mecha que hizo explotar nuestros potenciales.

Todavía recuerdo que mi compañía de Teatro Medusa, que surgió precisamente en su clase de Historia del Arte. Sí, Luis Palacios no solo nos enseñó a apreciar el arte sino que nos apoyó hasta el final cuando quisimos escribir y realizar nuestras primeras producciones escénicas. Cuando las vicisitudes de un estado que no aprecia el teatro nos golpeaban, nuestro profesor nos animaba, nos daba la palmada en la espalda que incluso nuestros padres nos negaron por no estar de acuerdo con nuestros sueños, pues les parecían disparatados.

Gracias a Luis Palacios me animé a seguir escribiendo y dirigiendo, y gracias a él, los integrantes de aquella compañía teatral no dudamos en volvernos nuestros propios gestores culturales. Recuerdo que Medusa dio funciones por todo el Estado de México durante varios años.

No puedo hablar de Luis Palacios sin mencionar que no solo es un excelente catedrático sino que su compromiso rebasa lo institucional para instaurarse en lo humano. Su manera de formar a los alumnos es verdaderamente extraña encontrar en estos tiempos. Y es que son 30 años y él mantiene la misma pasión por la enseñanza, demostrándonos que un buen profesor no solo instruye, sino que es capaz de cambiar vidas y de marcarlas para siempre.

Los de ahora son tiempos grises que se ensucian de rojo. Este país se encuentra cimbrado por la violencia. Las luces se nos extinguen cuando la destrucción y el desconsuelo se aproximan. Los índices de depresión se acrecientan entre los jóvenes de manera alarmante. La indiferencia y la apatía se han instaurado en las nuevas generaciones como una peste antiprogresista que nos impiden no solo creer en nuestros sueños, sino incluso soñar.

Pero en medio de toda esa oscuridad, Luis Palacios es un destello. Sus palabras y consejos causan resplandores, intercambiando apatía por conciencia y desánimo por amor a la vida.

Por todo ello, no me queda sino decir: ¡gracias!

Gracias don Luis, por se luz para quienes le rodean. Gracias por no dejar de infundir aliento entre quienes  han sido alcanzados por el desencanto. Gracias por no solo ser maestro sino mentor; un ser humano que entiende el mundo pero que no ceja en su intento de cambiarlo a través de sus jóvenes.

Gracias por 30 años de formación y guía, y sobre todo por marcar nuestras vidas de una manera tan contundente y positiva. Es por ello que siempre tendrá toda mi admiración y respeto.

¡Felicidades!, don Luis Palacios.