martes, agosto 27, 2013

Después del paraíso


Corre, Adán.


Tras la vereda estaré yo, esperando la caída de un fruto. Al estrellarse en el suelo se desgajará el pecado y añadirá sabor al polvo del que vienes.



Quédate, Adán.




Todos dicen que he nacido de tu costado. Te han hecho caer en profundo sueño para extirparme de ti. 

Desde entonces ando huérfana de origen, y tú, cercenado de mí.

martes, agosto 06, 2013

Tu nombre


Siempre me ha gustado tu nombre.
Aún antes de saber que sería el tuyo.
Su musicalidad es casi emocionante.
Su terminación, sin duda, sensual.
La lengua entre los dientes.

Cada vez que lo pronuncio se arrastra una serpiente.

martes, febrero 05, 2013

La bruma




Qué necedad la de esta bruma de permanecer aquí por tantos años.

Qué neurálgico espectáculo al verla dispersarse.

Qué necia desazón la del instante perdido. La de la posibilidad fugitiva. De la frase nunca dicha. Del beso nunca dado.

Qué estúpida fijación la de cavar bajo la tierra. La de esperar en la oscuridad. La de aguardar tras las cortinas.

Qué mayúscula imbecilidad la de escuchar opiniones de terceros.

Qué tontería la del insomnio vano. La de la espera infructuosa. De la imaginación alebrestada. Letras desperdiciadas.

Qué experiencia ésta de mirarse otra vez al  espejo. Y qué risa encontrar a la vieja persona, y verla con nueva mirada.

Y esto de entender que los momentos se detienen solo por un instante…. Sí… Vienen con rictus interrogante. En centésimas de segundo se dan la vuelta. Se escabullen como lo hace el murmullo.

Y la gente anda por ahí queriendo recuperar lo que ya se ha ido. Y anda desesperada comprando redes, y sale a atrapar lo que hace mucho se ha diluido. Y me da risa encontrar a esa gente y encontrarme. Y verlas y verme.

Y me llevo las palmas a la frente y sonrío, mientras lamento el doble esfuerzo de este pobre hipotálamo.

Y después de todo, y a pesar de todo, miro a mi costado y te encuentro nuevamente.

Y finalmente entiendo que no hay lugar como el círculo de tus brazos.

Después de todo, ahí está nuevamente tu pecho, franco, y junto a mi espalda, enseñándome a robarle colores a la oscuridad.

No importa cuántas veces te aleje. Regresas una y otra vez para pronunciar dos palabras.

Y esas dos palabras nunca son a cuenta gotas. Te brotan de los labios con la ferocidad del ansia.

Es menester entonces abrir las ventanas. Para que se escape la bruma. Para que salgan volando palomas, lepidópteros de todo tipo, auroras boreales, mariposas…. incluso sábanas.

Para que te quedes tú. Solo tú.

Así… justo como ahora.